• HOME
  • MUSIC
    • CABAL
    • DANO
    • ELIO TOFFANA
    • KAEL TOFFANA
    • KUMA
    • NETHONE
    • TONY KARATE
  • ARTWORK
    • ALEJANDRO VALDERAS
    • JAVIER DÍAZ
  • FILMS
  • CONTACTO
  • LA VOZ DE LA DISCORDIA ENTRE HUMOS DE SOBERBIA
Tasio Ochoa
Era uno de los mejores momentos de la historia del RAP, artísticamente, y comercialmente. Se empezaba a tocar techo, a llegar al súmmum, a lo insuperable. Era 1996, y en ese año iban a salir discos como All Eyez On Me de 2Pac, Ironman de Ghostface Killah, Reasonable Doubt de Jay-Z, It Was Written de Nas, o The Score de Fugees, por nombrar cinco de los más relevantes entre toda la marea de trabajos lanzados al mercado. El enfrentamiento entre la costa este y la costa oeste estaba en pleno apogeo; era vergonzoso por el hecho de recordar al patio de un colegio, pero efectivo para vender revistas, artículos y discos. El Gangsta Rap vivía su mejor momento, y hablar de matar, o haber matado realmente, parecía tan importante como tener el graduado escolar. Esa vida de mierda, drogas y violencia, se expondría ante la opinión pública a finales de año con el asesinato de Tupac en Las Vegas. Por desgracia, no era ninguna novedad que jóvenes negros o hispanoamericanos se mataran a tiros en la calle, pero esta vez habían asesinado a una esperanza, a una de las voces que hablaban por otras cientos de miles de voces, era sólo un chaval de 25 años con un talento inconmensurable parado de golpe en plena erupción. 
Si la mitad de la década se ofrecía como un momento artístico envidiable para toda la escena del Hip-Hop en general, no lo era para Public Enemy en particular. El último disco del grupo, Muse Sick -N- Hour Mess Age (Def Jam 1994), sin ser un mal l.p, no había sido bien acogido ni por la crítica ni el público. Las cosas habían cambiado, y mucho. Los nuevos líderes de la escena, como lo eran Wu-Tang Clan, Erick Sermon, Gang Starr o Dr. Dre, traían el nuevo sonido del momento: minimalista, sofisticado en cuanto al ritmo, y basado más en las melodías. Esas directrices diferían mucho de lo que el “enemigo” seguía queriendo vender. Hacía dos años ya de ese último vinilo, y no había noticias de uno nuevo, incluso se cuestionaba la continuidad de la banda. Estando así las cosas, el 22 de octubre de 1996, aún entre las lágrimas y el luto por la tragedia de Pac el mes anterior, salió a las calles Atubiography Of Mistachuck (Report from the commissioner), el disco en solitario de Chuck D.
Chuck, consciente de la posición de su grupo a mediados de los 90, supo dejar descansar las cosas por un tiempo, y ver cómo se desarrollaba la escena. Mientras tanto, quiso deleitar al público con un disco actualizado, que se distanciaba de lo que habían ofrecido como Public Enemy hasta el momento. El trabajo en sí, no podía competir con los artistas más punteros del momento, aunque dudo que quisiera hacerlo. Se presentaba más como un álbum que bajaba a la gente al planeta tierra. Es cierto que el sonido se había elaborado acorde a las nuevas exigencias sonoras, pero no había productores de moda detrás, seguían trabajando los mismos de siempre, con su propia gente. Se reivindicaba una independencia, una personalidad, se alejaban de la fórmula de llamar al productor que había firmado todos los sencillos del año, y ofrecían sus temas, su manera de hacer RAP. Mistachuck, quizá más preocupado en contar cosas que en cómo contarlas, hacía las veces del padre al que nadie hace caso, pero al que absolutamente todo el mundo escucha.
Compré el cd en la tienda Discos del sur, cuando estaba en una callejuela paralela a Gran Vía. Había venido todo el camino en el 138 (autobús que une el centro con mi barrio) mirando semejante portadón, y leyendo los títulos de la contraportada. Por fin pude hacerlo sonar en la minicadena, el disco de uno de mis M.C’s preferidos. Abrí el libreto, y leí las letras mientras sonaba cada canción. Era más envolvente, cálido y cercano de lo esperado, sin perder la obscuridad, crítica y contundencia habituales.
Según dí al play, empezaba sonando Crooklyn Dodgers, canción sacada de la primera escena de la película Clockers de su amigo Spike Lee, en la que acto seguido se oye una conversación entre los personajes del film en la que uno dice: “Chuck D es la bomba, tío” y otros (Sticky Fingaz y Fredro Starr de Onyx) le rebaten: “Chuck D no es una mierda” “¿Cómo pueden decir que Chuck D es el rapero más duro ?” y empieza el primer tema: Mistachuck, rapeando a grandes rasgos sobre quién es, haciendo un breve repaso a su carrera. Continúa con No, el que había sido el sencillo del disco, con vídeo-clip incluido, dejando clara, una vez más, su posición respecto a ciertos temas banalizados por el grueso de la industria del RAP, y más en ese momento, con frases como: “NO girl I got the cash raps, NO sex traps, NO rolexes, NO unprotected sexes (…)NO bodyguards gold teeth, NO east coast, west coast beef”, en fin, siempre tan necesario como el sol. Después, salta a la rítmica, funky, pegadiza y adictiva Generation Wrekkked y su claro estribillo “If i can’t change the people around me, i change the people around me… so don’t know what’s up, shit is just fucked up, they don’t know what’s next, generation wrekkked”. Seguidamente, una nota ondulante, hipnótica e inquietante de teclado, respaldada por un fuerte bombo y caja, y pitido incluido, recuerda al sonido más clásico y sombrío del enemigo público, en la que se llama Niggativity… Do I Dare Disturb The Universe ?. De repente, vuelve a verse la luz con una soulera y relajada Free Big Willie, y sin dejarte mucho tiempo al relajo, el disco te vuelve a llevar a una parte más siniestra, haciéndote mover el cuello con Talk Show Created The Fool, en la que colaboran Abnormal (quien ha seguido trabajando con Public Enemy en últimos discos) y un desconocido, pero interesante C. Brewser, donde, junto a Chuck, desmontan y atacan a la telebasura y presentadores correspondientes de la época. Underdog, es la octava canción, y la mirilla aquí apunta directamente a los mismos raperos, y los “dice ser gangster”, rodeándote con la fuerza y rabia de su voz desmantelando a todos: “Ashes to ashes, blunts to blunts. Some of these G’s ain’t real. I seen em, once upon a time so many rappers and not enough rhymes.” De la mirilla, pasa a la bofetada de But Can You Kill The Nigger In You ?, lenta, ambiental, y completada con la colaboración de Isaac Hayes al piano, aportando tambíen algo de voz al final. Endonesia, aunque decente, puede que sea el tema menos afortunado del álbum, tanto en en lo musical, como en el aporte lírico de unos tales B-Wyze y Dow Jonz. Con mejor suerte se escucha The Pride, penúltimo corte, aunque podría haber sido el último, por lo acertado de la instrumental; pura reminiscencia de la mejor música negra, y por lo autobiográfico de la letra, que deja ver a un Mistachuck más relajado y distendido. Termina el l.p Paid, con Kendu de Hyenas in the desert y Melquan, respetable, pero prescindible, innecesaria, en un trabajo prácticamente redondo de una de las voces más importantes del RAP, y que cualquier seguidor de esta música debería tener. Señoras y señores: Mr. Chuck D.

    LA VOZ DE LA DISCORDIA ENTRE HUMOS DE SOBERBIA

    Tasio Ochoa

    Era uno de los mejores momentos de la historia del RAP, artísticamente, y comercialmente. Se empezaba a tocar techo, a llegar al súmmum, a lo insuperable. Era 1996, y en ese año iban a salir discos como All Eyez On Me de 2Pac, Ironman de Ghostface Killah, Reasonable Doubt de Jay-Z, It Was Written de Nas, o The Score de Fugees, por nombrar cinco de los más relevantes entre toda la marea de trabajos lanzados al mercado. El enfrentamiento entre la costa este y la costa oeste estaba en pleno apogeo; era vergonzoso por el hecho de recordar al patio de un colegio, pero efectivo para vender revistas, artículos y discos. El Gangsta Rap vivía su mejor momento, y hablar de matar, o haber matado realmente, parecía tan importante como tener el graduado escolar. Esa vida de mierda, drogas y violencia, se expondría ante la opinión pública a finales de año con el asesinato de Tupac en Las Vegas. Por desgracia, no era ninguna novedad que jóvenes negros o hispanoamericanos se mataran a tiros en la calle, pero esta vez habían asesinado a una esperanza, a una de las voces que hablaban por otras cientos de miles de voces, era sólo un chaval de 25 años con un talento inconmensurable parado de golpe en plena erupción. 

    Si la mitad de la década se ofrecía como un momento artístico envidiable para toda la escena del Hip-Hop en general, no lo era para Public Enemy en particular. El último disco del grupo, Muse Sick -N- Hour Mess Age (Def Jam 1994), sin ser un mal l.p, no había sido bien acogido ni por la crítica ni el público. Las cosas habían cambiado, y mucho. Los nuevos líderes de la escena, como lo eran Wu-Tang Clan, Erick Sermon, Gang Starr o Dr. Dre, traían el nuevo sonido del momento: minimalista, sofisticado en cuanto al ritmo, y basado más en las melodías. Esas directrices diferían mucho de lo que el “enemigo” seguía queriendo vender. Hacía dos años ya de ese último vinilo, y no había noticias de uno nuevo, incluso se cuestionaba la continuidad de la banda. Estando así las cosas, el 22 de octubre de 1996, aún entre las lágrimas y el luto por la tragedia de Pac el mes anterior, salió a las calles Atubiography Of Mistachuck (Report from the commissioner), el disco en solitario de Chuck D.

    Chuck, consciente de la posición de su grupo a mediados de los 90, supo dejar descansar las cosas por un tiempo, y ver cómo se desarrollaba la escena. Mientras tanto, quiso deleitar al público con un disco actualizado, que se distanciaba de lo que habían ofrecido como Public Enemy hasta el momento. El trabajo en sí, no podía competir con los artistas más punteros del momento, aunque dudo que quisiera hacerlo. Se presentaba más como un álbum que bajaba a la gente al planeta tierra. Es cierto que el sonido se había elaborado acorde a las nuevas exigencias sonoras, pero no había productores de moda detrás, seguían trabajando los mismos de siempre, con su propia gente. Se reivindicaba una independencia, una personalidad, se alejaban de la fórmula de llamar al productor que había firmado todos los sencillos del año, y ofrecían sus temas, su manera de hacer RAP. Mistachuck, quizá más preocupado en contar cosas que en cómo contarlas, hacía las veces del padre al que nadie hace caso, pero al que absolutamente todo el mundo escucha.

    Compré el cd en la tienda Discos del sur, cuando estaba en una callejuela paralela a Gran Vía. Había venido todo el camino en el 138 (autobús que une el centro con mi barrio) mirando semejante portadón, y leyendo los títulos de la contraportada. Por fin pude hacerlo sonar en la minicadena, el disco de uno de mis M.C’s preferidos. Abrí el libreto, y leí las letras mientras sonaba cada canción. Era más envolvente, cálido y cercano de lo esperado, sin perder la obscuridad, crítica y contundencia habituales.

    Según dí al play, empezaba sonando Crooklyn Dodgers, canción sacada de la primera escena de la película Clockers de su amigo Spike Lee, en la que acto seguido se oye una conversación entre los personajes del film en la que uno dice: “Chuck D es la bomba, tío” y otros (Sticky Fingaz y Fredro Starr de Onyx) le rebaten: “Chuck D no es una mierda” “¿Cómo pueden decir que Chuck D es el rapero más duro ?” y empieza el primer tema: Mistachuck, rapeando a grandes rasgos sobre quién es, haciendo un breve repaso a su carrera. Continúa con No, el que había sido el sencillo del disco, con vídeo-clip incluido, dejando clara, una vez más, su posición respecto a ciertos temas banalizados por el grueso de la industria del RAP, y más en ese momento, con frases como: “NO girl I got the cash raps, NO sex traps, NO rolexes, NO unprotected sexes (…)NO bodyguards gold teeth, NO east coast, west coast beef”, en fin, siempre tan necesario como el sol. Después, salta a la rítmica, funky, pegadiza y adictiva Generation Wrekkked y su claro estribillo “If i can’t change the people around me, i change the people around me… so don’t know what’s up, shit is just fucked up, they don’t know what’s next, generation wrekkked”. Seguidamente, una nota ondulante, hipnótica e inquietante de teclado, respaldada por un fuerte bombo y caja, y pitido incluido, recuerda al sonido más clásico y sombrío del enemigo público, en la que se llama Niggativity… Do I Dare Disturb The Universe ?. De repente, vuelve a verse la luz con una soulera y relajada Free Big Willie, y sin dejarte mucho tiempo al relajo, el disco te vuelve a llevar a una parte más siniestra, haciéndote mover el cuello con Talk Show Created The Fool, en la que colaboran Abnormal (quien ha seguido trabajando con Public Enemy en últimos discos) y un desconocido, pero interesante C. Brewser, donde, junto a Chuck, desmontan y atacan a la telebasura y presentadores correspondientes de la época. Underdog, es la octava canción, y la mirilla aquí apunta directamente a los mismos raperos, y los “dice ser gangster”, rodeándote con la fuerza y rabia de su voz desmantelando a todos: “Ashes to ashes, blunts to blunts. Some of these G’s ain’t real. I seen em, once upon a time so many rappers and not enough rhymes.” De la mirilla, pasa a la bofetada de But Can You Kill The Nigger In You ?, lenta, ambiental, y completada con la colaboración de Isaac Hayes al piano, aportando tambíen algo de voz al final. Endonesia, aunque decente, puede que sea el tema menos afortunado del álbum, tanto en en lo musical, como en el aporte lírico de unos tales B-Wyze y Dow Jonz. Con mejor suerte se escucha The Pride, penúltimo corte, aunque podría haber sido el último, por lo acertado de la instrumental; pura reminiscencia de la mejor música negra, y por lo autobiográfico de la letra, que deja ver a un Mistachuck más relajado y distendido. Termina el l.p Paid, con Kendu de Hyenas in the desert y Melquan, respetable, pero prescindible, innecesaria, en un trabajo prácticamente redondo de una de las voces más importantes del RAP, y que cualquier seguidor de esta música debería tener. Señoras y señores: Mr. Chuck D.

  • Tweet
    Tasio Ochoa // Musica // Public Enemy // Chuck D //
    hace 7 meses