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ANTES DEL APOCALIPSIS LLEGARÁ LA FAMA
Tasio Ochoa
Hace ya veinte años fueron lanzados al mercado dos discos realmente relevantes al mundo del RAP. Relevantes musicalmente, relevantes líricamente, relevantes intelectualmente. Esos álbumes fueron: Apocalypse 91… The Enemy Strikes Black de Public Enemy, y O.G. Original Gangster de Ice-T. No sólo fueron dos de los discos más importantes en la historia del Hip-Hop, sino que, visto en perspectiva, cerraron un ciclo, dejaron atrás una forma de hacer las cosas; nacían dos grandes discos y moría una manera de ver el mundo, tanto el que pisamos con nuestros pies, como el que se crea con ritmos y rimas.
Se podría decir que son dos discos antagónicos; dos costas diferentes, dos sonidos diferentes, dos formas de hablar de lo mismo con matices muy diferentes. Ice-T decía: “i’m a nigga, not a colored man, or a black, or a negro, or an afro american, i’m all that”, a la vez que Public Enemy decía: “I don’t wanna be called yo nigga”. Ice rapeaba sobre tiroteos a medianoche en South Central, explicaba por qué también había tipos que eran unas “bitches”, escupía “egotrip” sencillo y con clase en ziplock, demostraba su fluidez y su amor al simple hecho de rapear en títulos como Mind Over Matter o Pulse of The Rhyme, te ponía en situación con la breve historia de una siniestra casa al final de la calle en The House o te contaba la experiencia de entrar y estar en una cárcel en su magnífico The Tower. Por el otro lado, Chuck D recordaba a la sociedad estadounidense cómo, a pesar de haber sido abolida la esclavitud siglos atrás, los llamados afroamericanos seguían casi igual en muchos aspectos hoy en día. Atacaba con toda su fuerza a las licorerías que sólo se encuentran en los barrios pobres, recomendando dejar de beber 40’s (equivalente al litro de cereveza en España) a sus compadres negros. En By The Time I Get To Arizona arremetía contra el gobernador del estado por no querer considerar el aniversario del nacimiento del reverendo Martin Luther King como fiesta nacional, o proponía a multinacionales y corporaciones devolver parte de los ingresos a la comunidad que compra sus productos, con esta soberbia línea de Shut Em Down: “I like Nike, but wait a minute. The neighbourhood supports so put some money in it. Corporations owe, they gotta give up the dough to the town or else we gotta shut ‘em down.”
Musicalmente, Ice-T recitaba sobre instrumentales contundentes, minimalistas, concretas y melódicas, me atrevería a decir que intemporales, con el aura de oscuridad que requieren tanto su voz como sus historias. Los responsables del sonido fueron Afrika Islam, Dj Aladdin, SLJ y Bilal Bashir, concluyendo un trabajo prácticamente conceptual que, unido a las letras de Iceberg, te transportaban al mundo suburbano de Los Angeles. Cerraban el disco unas declaraciones sobre la guerra del Golfo Pérsico y unas dedicatorias a la policía, el F.B.I, la C.I.A o la D.E.A. Semejante discazo lo completó el lanzamiento del VHS The Original Gangster Video, que era, ni más ni menos, el disco completo hecho videoclip. En cambio, en Nueva York, Public Enemy gestaba un LP ruidoso, complejo, agresivo, incluso caótico en algunos momentos, gracias al diverso mundo musical creado por The Imperial Grand Ministers of Funk en este caso, compuesto por: Stuart Robertz, Cerwin (C-Dawg) Depper, Gary G-Wiz y The JBL. Los seguidores de Farrakhan demostraban que no estaban de broma, venían dispuestos a pegar con la mano encima de la mesa, y así lo hicieron, para variar. Meses después, ya en 1992, completaban su apocalípsis editando en VHS uno de sus conciertos, The Enemy Strikes Live, ofrecido en la mítica sala Apollo de Harlem, interpretando los temas más relevantes de su cuarto álbum, junto con el resto de temas clásicos, y todo aderezado con una puesta en escena como pocas: Terminator X se erigía, detrás de una gran mesa en forma de X, como el gran director del sonido enemigo, los S1W’s emergían de dos plataformas laterales con su coreografía marcial, Flavor Flav aparecía en escena con su papel desenfadado y excéntrico, complementando la imponente imágen de un Chuck D en plena forma, respetado como pocos, rapeando con contundencia bajo el telón que reza PUBLIC ENEMY en rojo, acompañado de la mirilla que apunta sobre la silueta de Ed Lover. Sí, señores, el RAP estaba en la casa, cuando era más que sólo una retahíla de insultos, y una salsita más con la que pijos de Beverly Hills aliñan sus fiestas en la piscina de papá, haciendo el gilipollas y hablando un argot de lo más barriobajero, con el programa de moda de BET de fondo.
Efectivamente, fueron dos grandísimos discos, aclamados por crítica y público, pero en esta música, afectada por la amnesia desde hace tiempo, y sin cura a la vista, han cumplido veinte años y ni siquiera el mismísimo Ice-T lo menciona en su propia página web; está más preocupado en poner sonidos de disparos de los cojones, o en vender calendarios de la muñeca hinchable que tiene por mujer. Y ese es precisamente el ciclo que cerraron estas dos obras de arte. Empezaron los 90, para bien y para mal. Los discos dejaron de ser un concepto, dejaron de ser la selección de canciones de un momento concreto, para pasar a ser la reunión, a veces ingente, de temas más o menos conexos bajo el mismo título. A la vez que se evolucionaba métricamente, se abandonaban las temáticas de las que se hablaba. A la vez que maduraba la parte instrumental, y se creaban himnos inmortales, desaparecía el scratch en las canciones, y el Dj moría como figura fundamental del Hip-Hop (KRS-One ya avisa de esto en el “The Original Way” de Sex and Violence, 1992). Se ganaba cada vez más dinero, y todo el mundo sacaba disco, pero ya pocos sabían dar un directo; ya pocos se preocupaban por ofrecer un buen concierto. Se fueron los del puño y el micrófono, y llegaron los de la pistola y el blunt. Todos eran gangsters y malos, pero los gangsters de verdad eran los que les ofrecían los contratos. Se pasó del “Fish, which is my favorite dish, but without no money it’s still a wish” de Rakim enPaid in Full al “Cash rules everything around me, CREAM, get the money! Dollar dollar bill y’all!” de Wu Tang Clan. Se pasó de utilizar la palabra malsonante y el insulto anecdóticamente, cuando venía al caso, a ser una constante colección de “muthafuckas”, “niggas” y “bitch ass niggus”, también KRS dijo en su MC’s Act Like They Don’t Know de 1995 “Now we got white kids callin’ themselves niggas”, pero las discográfias sacaban mucho dinero (dollar dollar bill y’all !!) con estos negritos tan mal hablados. Todos los raperos decían “peace” por aquí y “peace” por allá, pero morían más que nunca, debe ser que el diablo no era blanco, sino verde. Con todo el panorama, y Lil Kim con su octava cara, se acabaron los 90, y no sé en lo demás, pero desde luego que al RAP el efecto 2000 llegó con ganas, con tantas ganas, que toda la mierda que pudiera haber habido en los 90 era el jodido manjar más suculento del paraíso, pero eso es otra historia, otra historia que ni el mismo Slick Rick querrá recordar en su tuerta vida.
En fin, estamos en el 2011 y sólo los chicos de PUBLIC ENEMY parecen querer recordar algo. Iremos viendo cómo suceden los acontecimientos. Sin más, mencionaremos al enemigo público y diremos: Fight the Power… incluso en tu propia casa.












